Lo que toca al corazón

Dra. Mateo:

Se hizo justicia en el “Carpentier”. No puede haber habido una novela que superara a la suya.

Su narración me reafirma que es Ud. una maga, quizá una hechicera, que al movimiento de su pluma salen danzantes e hilvanadas, ligeras, como haciendo un vuelo, quizá piruetas asombrosas, las palabras, todas las palabras, más bien sale el idioma, en su mejor salida, que es para contar la vida.

Para escribir “Desde los blancos manicomios” hay que estar de vuelta de toda vanidad, hay que quererse y respetarse, hay que tener altísimas dosis de valor en la savia que la hace escritora, y sobre todo, que la hace humana. Hay que saber rasgarse los ropajes para mirarse desnuda cara a cara.

Solo un estado de gracia provoca las descripciones de esas fugas, de esos paréntesis de la vida, que actúan como válvulas salvadoras.

Hay originalidad en la manera de contar, de perfilar los personajes, que poseen una psicología dibujada de manera impecable. A ellos les estamos viendo las entrañas, el alma, el lado claro y también el oscuro y el tierno, y eso hace que terminemos sintiéndolos parte de nuestro mundo, excepto con Gelsomina, que se alza, se eleva por sobre todos, levita a las alturas, como en una alucinación, para hacerse un personaje de una talla enorme, gigante e íntegro, frágil y fuerte, tan humano y tan real que deslumbra y nos acompañará por siempre.

Su novela es universal y cubana, y se disfruta esa cubanía, la de aquí y la de allá, que está presente en cada capítulo, en cada episodio.

Su novela es el fondo y la esperanza, es el temor y el amor. Es la familia, la vida. Su novela, además, es una disertación a viva voz sobre el mundo interior de los que alguna vez no lograron ver las señalizaciones que indicaban el camino, algo de lo cual siempre se habla en susurros.

Su novela atrapa de principio a fin, pero al final, uno siente que se hizo un poco más adulto, y agradece ese crecimiento que nos purifica.
Su novela es un canto a la vida, al coraje y a la esperanza.

Maite Abreu
La Habana. Enero 18 de 2009