La psicología en Cuba después de 1959

(Traducción al español del trabajo “Psychology in Cuba after 1959″, publicado por la revista History and Philosophy of Psychology (2006), Vol.8 (1), 12-29.

Carolina Luz de la Torre Molina
Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana, Juan Marinello, y Universidad de La Habana.

Resumen:

El desarrollo de la psicología en Cuba desde el triunfo de la Revolución de 1959 es descrito. La psicología en Cuba ha estado marcada por las necesidades prácticas de la sociedad cubana y, de acuerdo a las mismas, se describen cuatro fases: 1) La fase inmediata posterior al triunfo de la Revolución (los años 60) consistente en amplias transformaciones sociales y en el uso de la psicología para apoyar las mismas. 2) Los años 70 caracterizados por la continuación de los esfuerzos anteriores y, al mismo tiempo, una importación “relativamente acrítica” de los modelos soviéticos tanto en la sociedad como en la psicología. 3) Un período caracterizado por un desarrollo considerable y propio de la psicología cubana en los años 80. 4) El llamado “período especial” desde la caída de la Unión Soviética, marcado por una relativa crisis en la psicología y posteriormente por una recuperación caracterizada por un aumento del respeto y la demanda a la profesión en múltiples esferas de la sociedad cubana. El desarrollo de la psicología es analizado en estas fases en términos tanto del crecimiento de la profesión como de la evolución de sus contenidos.

Abstract

The development of psychology in Cuba since the 1959 revolution is described. Psychology in Cuba has been marked throughout by the practical needs of Cuban society and as such four phases can be distinguished. 1) The immediate post revolutionary phase (1960s) of large-scale social transformation and the use of psychology to support this. 2) The 1970s, marked by the continuation of the previous efforts and, at the same time, a “relatively uncritical” importation of Soviet models into both society and psychology. 3) A period of considerable development of a distinctively Cuban approach in the 1980s. 4) The “Special Period” from the fall of the Soviet Union, marked by an initial crisis in psychology and then a recovery with a wider respect and demand for psychological expertise in multiple spheres of Cuban society. The development of psychology is analysed through these phases in terms of both the growth of the profession and the evolution of its content.

En los inicios de 1959, el destacado psicólogo cubano Gustavo Torroella, quien había terminado estudios en la Universidad de Columbia, fue llamado por Ernesto (Ché) Guevara con el objetivo de crear un grupo especializado. Cada viernes el líder revolucionario, que sentía gran simpatía por la psicología y el psicoanálisis, sostenía una reunión con ese grupo para organizar y diseñar un proyecto de asesoría al Ejército Rebelde, necesitado de adecuada evaluación, educación e instrucción. Durante una de esas reuniones el Ché preguntó si era mejor llevar adelante entrevistas individuales o tests. Como el ejército era muy grande y el tiempo era limitado se decidió que era preferible utilizar tests. El Ché escribió a Torroella una nota de presentación para el director de Cubana de Aviación y le dijo: “Ve y búscalo en el Hotel Habana Hilton; dile que te facilite un viaje a Nueva York y utiliza estos 300 dólares para que compres lo que consideres necesario”. Más tarde, ya en el hotel, el director de la aerolínea escribió en una servilleta de papel del restaurante la autorización para el pasaje que el empleado de la agencia de viajes expidió inmediatamente. Tal vez esta haya sido la primera petición que la Revolución de 1959 haya hecho a la psicología, y seguramente es un buen ejemplo de la manera en que las necesidades prácticas han marcado el transcurso de la psicología cubana.

El presente trabajo se apoya en un artículo presentado en 1995 en el Congreso Interamericano de Psicología en Puerto Rico, publicado posteriormente por la Revista Interamericana de Psicología (de la Torre y Calviño 2000), pero, en esta oportunidad, se actualiza y se añaden nuevas informaciones e interpretaciones. Como en la oportunidad anterior, no se pretende hacer un informe oficial del estado de la psicología cubana. Es mi punto de vista como activa participante de la psicología de mi país desde 1966; un punto de vista que tal vez sea compartido en algunos aspectos por otros colegas, pero que también puede no ser compartido en otros. Así mismo, como fue escrito para un intercambio cara a cara, para ser leído y comentado en el momento, ofrece información muy general y es más una interpretación personal que un resumen sistemático de cada tópico, referencia, autor o materia. Una historia completa de la psicología cubana sigue siendo una de mis actuales preocupaciones.

Por limitaciones de espacio y tiempo, este artículo se concentra en los pasados cincuenta años, pero debo decir de todos modos que el pensamiento psicológico en Cuba tiene una larga, creativa y fértil evolución que ha sido previamente reseñada y analizada (Bernal del Riesgo, 1955; Bernal, 1985; de la Torre, 1981, 1983a, 1983b, 1983c, 1995; de la Torre, González Serra, González Valdés, Lorenzo, & Calviño, 2002; González Rey, 1995, 2000; Guevara, 1984; Segura, 1990; de la Torre & Alonso, 1978; Ortiz, 1992; Casals, 1998; de la Torre & Calviño, 2000; Smith, 2000; Casaña, Fuentes, Sorín y Ojalvo, 1984; Mitjans y Febles, 1983; Arenas y González, 1998). Trataré de reflejar mis experiencias personales y de introducir, en la mayor medida posible, lo realizado por otros psicólogos cubanos.

Los años 60: El período inmediato posterior al triunfo de la Revolución.
Con la Revolución de 1959, la psicología cubana -que de otra manera no hubiese sido muy diferente a la de aquellos otros países de la región- experimentó un momento de ruptura que influyó enormemente en el curso que esta disciplina tendría en los próximos 45 años. Esto quiere decir que es necesario especificar un punto de inicio. La psicología en Cuba, su desarrollo, su propia existencia, están marcadas por su escenario natural, Cuba. Esta influencia del contexto tiene un significado especial en el caso cubano. Es fácil de entender teniendo en consideración, por ejemplo, que no hay práctica privada de la psicología en Cuba, en ninguna de sus áreas o especialidades. Todo el trabajo realizado por los psicólogos cubanos es realizado en el contexto de instituciones, con financiamiento y recursos estatales y en relación al conjunto de prioridades o de las prioridades de todo el país.

Después de 1959 una de esas prioridades fue la fundación de dos escuelas de psicología en Las Villas y La Habana en 1961 y 1962, respectivamente (Corral 2004; Morenza, 1985.; Sansón, Rodríguez, & Guevara, 1980; Mitjans, Cairo, Morenza, Moros & Rodríguez, 1987; Herrera, & Guerra, 2004), las cuales tuvieron sus primeros graduados en 1966. Algunos de ellos, junto a destacados psicólogos y psiquiatras que permanecieron en el país (como Bernal del Riesgo, Gustavo Torroella, Ernesto González Puig, Aníbal Rodríguez, María Teresa Sansón, Armando Martínez, Noemí Pérez Valdés, Juan Guevara, René Vega Vega, Diego González Martín y otros) se propusieron la tarea de participar de múltiples maneras en el desarrollo del proceso revolucionario ( ver Colectivo de Autores, 1964; Escuela de Psicología, 1964, Sociedad de Psicólogos de Cuba, 1990; Tovar, 2001). El estudio de nuevas comunidades, la introducción de la psicología en el sistema de salud, la universalización de la enseñanza, la creación de círculos infantiles, los cambios en relación a la participación de la mujer en la sociedad, el estudio de los procesos migratorios, el trabajo social con población marginal y muchos otros problemas de vital importancia como el trabajo en los centrales azucareros, fueron los escenarios en que nuestra generación se formó. Un lugar que merece especial relevancia es el Hospital Psiquiátrico de La Habana, donde algunos de los primeros encuentros de los psicólogos cubanos tuvieron lugar.

La orientación teórica de las investigaciones y de otras actividades prácticas fue muy diversa y solo dependía en muchos casos de la orientación que tuviesen los profesores y psicólogos que eran responsables de esas intervenciones sociales. Algunos de los primeros psicólogos sociales, con un entrenamiento típicamente norteamericano dirigieron encuestas y surveys acerca de la reforma agraria, el comunismo, los prejuicios y otros tópicos sociales (Rodríguez, 1964, 1989; Casaña, Fuentes, Sorín y Ojalvo, 1984). Otros, estimulados también por Ernesto Guevara, llevaron a cabo estudios de ética laboral, selección de personal, temas de psicología social en los centrales azucareros, entrenamiento y desarrollo organizacional, y también continuaron sus estudios previos en los campos de la educación, la consejería y la orientación (ver, por ejemplo, Torroella, 1961). A la misma vez que algunos –muy comprometidos con el cambio social- conducían su trabajo investigativo y práctico de acuerdo a los estándares norteamericanos (por supuesto muchos encontraron luego otras alternativas), otros, venidos de Argentina, con muy buenas bases en trabajo grupal, lideraron la enseñanza en psicodrama y grupos de discusión. El propio Ché había venido de Argentina, un país que tenía una importante tradición en psicoanálisis y en psicología social psicoanalítica (Marie Langer, Enrique Pichón Riviere, José Bleger y otros). Esto puede explicar su temprano interés en la creación de un departamento de psicología cuando estuvo al frente del Ministerio de Industria. Estos ejemplos previos pueden ser suficientes para ilustrar que lo que nos acercó a los enfoques marxistas no fue precisamente la teoría, aunque teníamos libros de Rubinstein, Luria, Leontiev y, por supuesto, Vigotsky. Más tarde la orientación histórico-cultural basada en los postulados de Vigotsky se volvería en la más común y compartida base teórica de la psicología cubana – con independencia de otras múltiples diferencias y acentos (Arias, 1999; Calviño, 1997; Mayo, 2000; Febles, Selier y Fernández, 2000; Bermúdez y Rodríguez, 2000; Labarrere, 2000; Fariñas, 2000) . Nosotros nos comenzamos a mover hacia lo en ese tiempo se llamaba “Psicología Marxista” debido a nuestra práctica, a nuestros intereses comunitarios y nuestro compromiso con la transformación social. Estábamos más preocupados por la construcción de un nuevo mundo que por la construcción de teorías, pero las teorías nos parecían necesarias para entender mejor cómo, en qué y para qué estábamos trabajando. No estábamos solos en América Latina; había otros psicólogos latinoamericanos interesados en psicologías críticas, nacionales y liberadoras. En un plano superior se encuentra el pensamiento de Paulo Freire, Ignacio Martín Baró, José Miguel Salazar y Maritza Montero (ver Burton 2004a, 2004b; Burton y Kagan, 2005; ¸Kagan, 2002; de la Torre 1981, 1995).

De esta manera, después de la Revolución Cubana las transformaciones que ocurrieron cambiaron en gran medida el curso de la psicología (de la Torre y Morenza, 1982). Como dijo el poeta español Antonio Machado, estábamos “haciendo camino al andar”. Esto contrastaba con la situación de gran parte de América Latina donde las influencias dominantes eran las importadas de la psicología de Estados Unidos, usadas para tratar de demostrar que la psicología (sea conductista, comunitaria, humanista o de otro tipo) podría cambiar el curso y las perspectivas de nuestros países sin necesidad “revoluciones”, de “política” o de “cambios dramáticos” – lo cual era perfecto para los intereses de Estados Unidos.

Los años 70: Continuación de los esfuerzos previos e importación relativamente acrítica de los modelos soviéticos.
Una vez que las tareas urgentes y los retos de los sesenta habían sido enfrentados, se entró en un nuevo decenio marcado por un mayor interés en la teoría y por buscar coherencia en nuestro trabajo. Nos acercamos más a la Unión Soviética en la manera en que pensábamos y actuábamos en psicología, en consonancia con la tendencia general que se veía en el país y que se caracterizaba por la reproducción de modelos de los países socialistas sin una profunda elaboración o conexión con nuestras tradiciones culturales. Esto no quiere decir que no hubiesen contribuciones propias y avances en educación, proyectos sociales y en la psicología en el campo de la salud, pero –junto a otras políticas erróneas como la excesiva desconfianza con las teorías, los profesionales y las instituciones que no tuviesen su origen en campo socialista- se manifestó una relativa disminución de la creatividad y la riqueza de la psicología en el país. Esto se puede ilustrar por el modo en que se usaba el “nosotros” en la prensa y otros contextos cubanos. El “nosotros” como supra-identidad se refería a otros países del tercer mundo que luchaban contra nuestro enemigo común y también a todos aquellos países que pertenecían al campo socialista. Si algo venía de la república Democrática Alemana, de Checoslovaquia o de la Unión Soviética, era mejor juzgado o considerado. De todos modos hubo becas para psicólogos cubanos en Francia, Bélgica, Inglaterra y otros países de Europa occidental.

La excepción más sobresaliente fue el desarrollo de la psicología de la salud. Este campo, donde antes de los años noventa trabajaban más de 1500 psicólogos fue un ejemplo de capacidad creativa, de asimilación de múltiples influencias y de ajuste de la especialidad a los requerimientos y las necesidades de desarrollo en la esfera de la salud. Se puede decir que los psicólogos cubanos iban más adelante que otros en la creación de un concepto novedoso y de importancia internacional: la psicología de la salud (García Aberasturi, 1978, 1980, 1985; González Valdés, 2002; Grau, 1998; Morales, 1997; Morales y Grau, 1998; Pérez Lovelle, 2004). Para que esto sucediera se dieron varios factores como las demandas que el sistema de salud hacía a la psicología para el apoyo a los programas priorizados, por un lado, y por otro lado, la falta de desarrollo (o la limitación a áreas como la neuropsicología o la patopsicología) de este campo en los países socialistas. Estas coyunturas, más la capacidad y energía de los más destacados promotores de la psicología de la salud en Cuba, favorecieron el hecho de que este campo fuera menos afectado que otros por la tendencia a seguir o imitar a la psicología soviética, aunque el auge de la psicología de la salud tuvo también sus pérdidas y omisiones como es el caso del relativo abandono de la psicología clínica y de la psicoterapia, cosa que hace años se ha recuperado. En otros campos también hubo desarrollo y aportes, por ejemplo en la educación, pero el punto es que los psicólogos que iniciaron su trabajo en la esfera de la salud (específicamente me refiero a los primeros graduados que fueron ubicados en el Ministerio de Salud Pública) tuvieron que ser creativos para encontrar maneras de insertarse y ser reconocidos dentro de los servicios de salud, y esto lo lograron con su trabajo en las instituciones comunitarias, los servicios de salud mental, hospitales maternos, prevención y promoción de salud y en un amplio campo de atención a enfermedades crónicas que eran atendidas con enfoques multidisciplinarios que, por supuesto, incluían la valoración de componentes psicológicos.

El problema a que me refiero no era la psicología soviética en sí misma, sino la reproducción de las experiencias y enfoques provenientes del campo socialista sin un análisis crítico de las teorías y las experiencias. Es interesante, por ejemplo, que mientras yo dedicaba un enorme tiempo a criticar la reproducción acrítica que gran parte de la psicología latinoamericana hacía de la psicología en Estados Unidos (de la Torre, 1981, 1983a, 1991, 1995; de la Torre & Morenza, 1982; de la Torre & Calviño, 1986) no pude ver nuestras propias imitaciones; se necesitaba cierta distancia para darnos cuenta de que tal vez – de diferentes maneras y con diferentes intenciones – nosotros estábamos haciendo lo mismo con las teorías de la URSS y del resto del campo socialista.

En beneficio de la brevedad y con el riesgo de caer en ciertos esquematismos, puede decirse que los sesenta fueron años de emergencias y de soluciones creativas; los setenta años de consolidación de los logros previos y de búsqueda de una base teórica basada en el marxismo (en los planes de estudio, en las bases teóricas y en los programas de trabajo en diversas esferas); y los ochenta fueron el escenario tanto del clímax de la tendencia anterior como el final de una psicología demasiado marcada por la psicología surgida en la Unión Soviética. El surgimiento de un pensamiento más maduro y propio tuvo lugar y fue favorecido precisamente por las mismas influencias que por un lado nos hicieron bastante dogmáticos, pero, por otro – aunque pueda parecer contradictorio – nos formó y nos permitió seguir adelante, como se verá en el siguiente tópico. La Escuela de Psicología de la Universidad de La Habana, durante el llamado “Quinquenio Gris de la Cultura Cubana” (1971 -1976) y durante el resto de ese decenio fue uno de los pocos lugares donde las Ciencias Sociales mantuvieron su actividad científica y se convirtió en el centro de investigación social más avanzado de nuestra universidad a la vez que se transformó en Facultad.

Los años ochenta: un período dorado para la psicología cubana.
No hay dudas de que el decenio de los ochenta fue para Cuba tiempo de “recoger la cosecha”. Treinta años persiguiendo una política de desarrollo social produjo al final de este decenio un adecuado nivel de satisfacción de las necesidades sociales, excelentes niveles de servicios médicos gratuitos para todos y una educación garantizada para todos hasta niveles universitarios y de post grado. La integración social se favoreció, el desempleo crónico se eliminó y se erradicaron la malnutrición y la pobreza extremas. Para ilustrar, la mortalidad infantil bajó a menos de 12 por cada mil niños nacidos vivos (una cifra que iguala y a veces excede a la de muchos países desarrollados) y la esperanza de vida subió hasta los 75 años. La calidad de la vida se incrementó considerablemente y la situación económica del país permitió acciones generosas en términos de seguridad social, presupuestos y recursos para las actividades científicas y profesionales.

La actividad de la psicología en los años previos y el fortalecimiento y maduración en las maneras de hacer y pensar la psicología, junto con el mejoramiento de las condiciones económicas favorecieron un salto cualitativo fundamental.

La orientación social de la psicología en Cuba empezó a ser complementada por la demanda incrementada hacia la consideración de variables individuales. Los éxitos obtenidos a través de estrategias sociales a gran escala demandaban una mayor especificación de los factores individuales y diferenciadores y la necesidad de considerar factores subjetivos relacionados con el incremento de la eficiencia, la productividad y la organización entre otros. Se requerían nuevos niveles de entrenamiento, instrucción y educación para garantizar la asimilación de las nuevas tecnologías. Todo esto se expresa, por supuesto, en una dinámica social a la que no podían ser ajenos psicólogos y psicólogas. Por último, los errores cometidos también demandaban un impostergable proceso de rectificación en todas las esferas. Todos estos elementos, además el desarrollo interno de las diferentes especialidades, marcan especificidades que se revierten en caminos, también específicos, de la psicología en el país. Tomando en consideración lo ya dicho, intentaremos precisar algunos de los hechos que expresan las particularidades del decenio de los ochenta para la psicología en Cuba.

La situación profesional de la psicología en Cuba, desde inicios de los ochenta, produjo un avance cuantitativo y cualitativo considerable. Las pequeñas graduaciones que caracterizaron los sesenta, y que comenzaron su aumento en los setenta, fueron conformando a fines del decenio un contingente de más de 1500 profesionales de la psicología con el consecuente aumento de los espacios de trabajo y las esferas de influencia social en que los psicólogos y psicólogas se insertaban. Así mismo, la mayor (aunque no suficiente) compresión por parte de los organismos del Estado de las demandas sociales, económicas y políticas que requerían de la participación de los psicólogos y psicólogas, la mayor precisión que logran los profesionales de la psicología de sus posibilidades de inclusión en las estrategias de desarrollo del país, tanto en la esfera productiva como en los servicios, elevan significativamente el estatus real de la profesión. De ser una profesión menos conocida y demandada en los setenta, pasó a ser necesaria, y en algunas áreas imprescindible, en los ochenta. Todo esto se vio potenciado por el hecho de que la psicología representó prácticamente la única disciplina social que mantuvo desde los sesenta una formación estable y una actividad profesional creciente, lo que no ocurrió con la sociología, la filosofía y otras disciplinas sociales.

También fue sobresaliente la actividad de las sociedades científicas. La Sociedad de Psicólogos de Cuba (reactivada a inicios de los 80) y la Sociedad de Psicólogos de la Salud, creada durante los setenta, llevaron a cabo un notable esfuerzo para favorecer el intercambio científico, el entrenamiento profesional, la celebración de eventos y la unión de psicólogos y psicólogas alrededor de estrategias comunes.

Son evidentes algunos acontecimientos que hablan de una ampliación de la actividad de profesionales de la psicología. Por solo presentar algunos ejemplos podemos decir que entre 1980 y 1990 tuvieron lugar en el país más del doble de los eventos científicos, congresos, seminarios y talleres de psicología que los que se organizaron en los años anteriores. Algunos ejemplos destacados fueron el Primer Congreso de la Sociedad de Psicólogos de Cuba (1986), los primeros encuentros entre psicólogos cubanos y psicoanalistas latinoamericanos y de otras partes del mundo (1986,1988, 1990), el Congreso Interamericano de Psicología (1987), y, al final del período el Segundo Congreso de la Sociedad de Psicólogos de Cuba (1990).

Como nunca antes levantaron sus voces psicólogos y psicólogas en las reuniones científicas de otros gremios profesionales (de psiquiatría, filosofía o historia de la ciencia por ejemplo). La producción científica se multiplicó a través del Boletín de Psicología del Hospital Psiquiátrico de La Habana -cuya edición se inició a fines de los setenta-, la Revista Cubana de Psicología, que en 1984 reinició el intento que no se pudo estabilizar en los años cincuenta (ver Cairo, 1998), y la publicación de libros, monografías, obras colectivas y textos docentes. Se hizo evidente que los años ochenta marcaban un período de mayor creatividad para los psicólogos cubanos.

Todo esto hubiese sido imposible sin la elevación de la calidad de la profesión. Los ochenta también tienen rasgos distintivos en esta dirección. En sus primeros años se produjo un cambio importante en la estructura del perfil científico de la profesión con el aumento del número de psicólogas y psicólogos que mediante defensa de tesis, fundamentalmente en la URSS y en otros países socialistas, obtuvieron el grado de doctores en psicología. Al final de los setenta solo tres miembros del claustro de profesores de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana eran doctores; sin embargo, ya en 1990, más 20 profesores y profesoras (el 50% del claustro) ya eran doctores en psicología. No se trata, por supuesto, de un hecho formal, de que en todo el país un importante número de psicólogos y psicólogas ostente un “título honorífico”.

El hecho es que, en su mayoría, estos profesionales han ejercido una positiva influencia en el desarrollo de la psicología desde sus diferente espacios de actuación a través de la producción científica original de concepciones teóricas, la creación de procedimientos y estilos de trabajo, la formación especializada de otros y la creación de grupos de trabajo. Y así, en unión a otras personas que sin poseer el grado científico también han alcanzado altos niveles de desempeño, conformaron una avanzada profesional del desarrollo . La elevación de la calidad de la profesión en los ochenta pasó también por el aumento sustancial, en volumen y calificación, de todo el sistema de superación postgraduada. Decenas de cursos, adiestramientos y estudios de postgrado aparecieron con fuerza en el trabajo de diversas instituciones docentes, científicas y asistenciales. Se abrió la posibilidad, también, de optar por grados científicos en el país y se crearon los tribunales nacionales de grados científicos en las principales especialidades; entre ellos el Tribunal Nacional de Grados Científicos en Psicología.

Dentro de este contexto general es necesario destacar los desarrollos que se observaron como una “recuperación de lo particular” en algunas áreas como los estudios de personalidad, motivación, desarrollo moral, familia, grupos, comunidades y salud. En relación con problemas como los niveles de regulación de la personalidad, proyectos de vida, sentido personal y auto valoración; se reivindicó al sujeto como agente individual de las transformaciones sociales, como constructor de la vida de las personas, como una configuración subjetiva que es resultado de las historias personales y sociales de cada cual. Las aproximaciones institucionales y comunitarias, entre otras, trataron de entender las particularidades de los grupos en sus maneras específicas de asimilar y manifestar los procesos sociales.

Este énfasis en lo particular no debe ser entendido como el retorno, o más que el retorno el “refugio” en la individualidad, como se on¡bserva en muchas corrientes del pensamiento psicológico de Europa y de Estados Unidos. No es mirar hacia el “ego” o “más allá del ego” como únicas salidas a la decadencia, la hostilidad y la insatisfacción con la existencia social del ser humano. Es el acto de su creatividad individuales el que se depositan las grandes potencialidades de una sociedad que pretende ser más justa, más humana, y también es la comprensión más realista de lo que provocan en ese ser humano las contradicciones y deficiencias propias de la construcción de dicha sociedad. Cuando enfatizamos esta tendencia no estamos diciendo que es algo acabado o generalizado, solo se subraya una orientación, una intención que necesita extenderse, afianzarse en diferentes áreas y, por supuesto, generalizarse.

Otro aspecto que necesita ser subrayado como distintivo de los ochenta es lo referido a la “asimilación crítica”. En el campo de las elaboraciones teóricas (epistemológicas, metodológicas, históricas) se exploraron importantes vertientes del pensamiento psicológico que se expresan con bastante nitidez en la superación de la adopción, un tanto acrítica, del modelo de comprensión marxista propio de las diferentes escuelas soviéticas en su desarrollo anterior a los ochenta. Incluimos fundamentalmente las llamadas escuelas Vigotsky-Leontiev y Ananiev-Rubinstein, a través de la búsqueda de una visión más amplia y contemporánea de la repercusión del marxismo para la psicología. No es en modo alguno, en nuestro caso, la negación a ultranza de todo lo anteriormente conquistado por el pensamiento marxista. Muy por el contrario, se trata de una comprensión más científica, histórica y más marxista (incluyente y abarcadora de otros enfoques) de estas conquistas. En los ochenta hubo una búsqueda, un intento de recuperación e incorporación conscientes del pensamiento contemporáneo en la comprensión psicológica del ser humano y de los procesos de formación, enriquecimiento y despliegue de sus potencialidades. Esta apropiación consciente de los ochenta fue posible porque hubo un lugar desde donde apropiarse; un contexto referencial más maduro y más claramente definido (González Serra, 1990).

Todo lo dicho tuvo implicaciones y aplicaciones prácticas. Solo por poner algunos ejemplos concretos, en la esfera de la salud se presentan estudios de factores personológicos que inciden en las enfermedades agudas y crónicas y en la inclusión de psicólogos y psicólogas en un nuevo modelo de atención a la familia que le permite al profesional influir de manera directa y personalizada en grupos específicos tales como el de las personas ancianas, adolescentes en situaciones de riesgo o personas sometidas a estrés sostenido.
En el área de la educación sobresalen los esfuerzos por discutir y experimentar acerca de las peculiaridades del proceso de interiorización y, de manera más general, acerca de la aplicación de enfoques educativos desarrolladores y creativos. En relación con la aplicación de la psicología en la esfera sociolaboral, destacamos el énfasis en las características sociopsicológicas de dirigentes y colectivos de trabajo, así como una mayor atención a los problemas motivacionales que influyen en la productividad, la disciplina, la eficiencia y la creatividad de trabajadores.

En los ochenta debutó un nuevo plan de estudios para las carreras de psicología en el país que, al margen de sus indudables deficiencias, resumió las experiencias acumuladas hasta el momento, el nivel de desarrollo logrado, las limitaciones propias de un contexto de elaboración y, de algún modo, las intenciones, aspiraciones y esperanzas de una buena parte del gremio. Estas incluían una profesión más eficazmente comprometida con el proyecto social del país; más capaz de dar respuesta, de una manera actualizada, a las demandas de la sociedad y de la propia Psicología, desde una formación más amplia, con una sólida concepción marxista de su ciencia.

Finalmente, los ochenta estuvieron marcados por el impacto de la revolución tecnológica. El desarrollo de las neurociencias, la cibernética, la introducción de tecnologías avanzadas, puestas al servicio del desarrollo económico y social del país, constituyeron un reto indudable a la profesión. No es casual entonces la aparición de grupos de psicólogos y psicólogas que, formando parte de equipos multidisciplinarios, orientaron su actividad profesional y movilizaron sus recursos creativos en la dirección de la aplicación de estas tecnologías al estudio de los procesos psicológicos y a la solución de problemas prácticos en salud y educación.

No hemos abarcado en toda su amplitud los índices que caracterizaron a la psicología en Cuba durante los ochenta, tampoco hemos pretendido una fundamentación profunda de la visión de la época que aquí exponemos. Más bien nos hemos ubicado -como partícipes y testigos presenciales de los hechos- asumiendo la parcialidad que esto pueda traer como consecuencia. En síntesis, la psicología cubana de los ochenta vivió “una época de oro”, un período de pleno auge y desarrollo creativo.

No obstante, terminados los ochenta se hizo evidente que era necesario un esfuerzo en algunas direcciones como era la mayor penetración en los problemas globales de nuestra vida económica y política, que para fines de la década daba muestras de grandes peligros y serias dificultades. También resultaba evidente la necesidad de una mayor presencia de la psicología en la vida intelectual y cultural del país en su sentido más amplio. Un empeño especial parecía necesitarse en la estabilización, diversificación y gradación de la enseñanza postgraduada, así como un vuelco de una concepción de formación de los psicólogos y psicólogas que estaba cargada sobre su práctica científica e investigativa hacia un crecimiento de su condición profesional. No menos importante resultaba la movilización de profesionales para la elaboración escrita y sistematizada de los logros y nuevas experiencias de trabajo. Los psicólogos cubanos trabajábamos mucho más de lo que sistematizábamos y creábamos mucho más de lo que publicábamos.
Al final de los ochenta la calidad de vida de los cubanos y cubanas, con independencia de continuos problemas y dificultades, era posiblemente mejor que en cualquier otro momento de la Revolución.

Los años noventa y el Período Especial.
Así, aproximadamente, terminamos los ochenta. Así comenzamos los noventa y así queríamos seguir. Pero procesos traumáticos marcaron el inicio del decenio de los noventa, y solo el compromiso, la responsabilidad y la calidad humana de psicólogos y psicólogas, unidos a los efectos favorables que los años anteriores dejaron para los siguientes, lograron, en situaciones extremadamente difíciles, conservar las conquistas esenciales de los años anteriores.

Los noventa tienen una especial significación para la historia reciente de Cuba. En un período de solo tres años y con la caída del Campo Socialista, Cuba perdió a su principal socio comercial, la extinta Unión Soviética, con quien tenía comprometido aproximadamente el 82 % de su comercio exterior y era su principal mercado. El producto Interno Bruto de Cuba cayó más del 30 % (para un recuento de este período ver Gott, 2004).

En este momento el bloqueo económico por parte del gobierno de Estados Unidos, lejos de suavizarse se fortaleció con múltiples sanciones y maniobras que no solamente dañaban nuestro comercio con ese país, sino que debido a su extraterritorialidad, afectó nuestras relaciones con el resto del mundo. Desde 1992, con la aprobación de la Ley Torricelli por parte del Congreso de los Estados Unidos, cualquier compañía del mundo asociada con ese país, tenía prohibida (y era sancionada) cualquier intercambio económico con la isla. Aunque muchos países como el Reino Unido aprobaron leyes para evitar que se afecten las compañías bajo sus legislaciones, en 1996, la Ley Helms Burton – otra ley de carácter extraterritorial- fue aprobada, generando conflictos que actualmente siguen afectando a Cuba en sumas millonarias.

Al inicio de los noventa el país estaba cercano al colapso económico. La capacidad de compra se redujo de 9, 139 millones en 1989 a 1, 700 millones, con la reducción de dos terceras partes del petróleo disponible. a inicios de los noventa. El llamado “período especial”, que todavía no termina, hubiese sido un motivo más que suficiente para desarticular la vida cultural, social y económica de nuestro país.

Han pasado más de 15 desde la caída del Muro de Berlín y trece desde que los cubanos comenzaran a sentir con mucha fuerza en su vida diaria ese acontecimiento, al igual que la desarticulación de la Unión Soviética ocurrida posteriormente. Desde la primavera de 1991 nos despertábamos cada mañana con una nueva escasez, un recorte de servicios o de electricidad, una nueva dificultad y algún nuevo problema. Ahora, tomando una relativa distancia, quisiera tratar de recapitular lo que vivimos con otros hombres y mujeres cubanos y con nuestra comunidad científica y profesional. El impacto de estos eventos en la psicología cubana tuvo lugar en dos direcciones fundamentales: una dimensión que pudiéramos llamar subjetiva y otra de carácter institucional.

La dimensión subjetiva, a su vez, puede analizarse en dos aspectos. Primero, la psicología como tema de estudio y la definición de sus alcances sufrieron considerables modificaciones, relacionadas con el descenso en la calidad de vida y el aumento de tensiones sociales asociadas a las insatisfacciones y tensiones de la vida cotidiana. Las demandas que se hicieron a los profesionales de la psicología no eran tanto de una praxis investigativa o científica, sino más cotidiana y profesional.

Más aún, las prioridades prácticas de psicólogos y psicólogas se redujeron y se produjo una mayor concentración en las prácticas clínicas y educativas. La ciudadanía estaba viviendo situaciones para las cuales no estaba preparada ni había adquirido modelos de actuación, y se vivían condiciones de crisis valorativa que algunos profesionales consideraban como crisis existenciales. La población que visitaba a los psicólogos sufría incertidumbre, falta de fe en las instituciones, y una tendencia a cierto individualismo como mecanismo para enfrentar y resolver los problemas de la vida cotidiana. Algunos temas – poco frecuentes en la Cuba de los ochenta- ahora demandaban atención prioritaria, aún cuando los restantes asuntos no se abandonaban totalmente: frustraciones laborales y económicas por salarios cada vez más insuficientes, alcoholismo, drogas, problemas nutricionales y dificultades propias de la población femenina que soportó las consecuencias más duras de la crisis.

En este contexto la psicología comenzó a dejar de lado algunas otras pretensiones y asumió un carácter más emergente, más de tratar de estar –una vez más- en las problemáticas específicas del contexto social, económico y político que vivía el país. Se incrementó así el sentido de ayuda que es inherente a la práctica profesional de los psicólogos y psicólogas lo que, a su vez, presupone un mayor contacto con otros tipos de prácticas en contextos que antes eran mucho más distantes que ahora. Cuba empezó a vivir algunas de las situaciones que caracterizan a algunos países latinoamericanos y el trabajo psicológico enfrentó algunas de estas situaciones con cierta falta de referentes que generó la necesidad de indagaciones especiales.

Estudios tales como el impacto del Período Especial en la familia cubana, la vida cotidiana y la construcción de la subjetividad, la educación, el desarrollo de la identidad nacional, la formación de valores, el impacto del turismo en la vida social, y muchos otros temas de carácter eminentemente social ocuparon un lugar privilegiado y se evidencian en los libros de resúmenes de los eventos que, aunque en cantidad inferiores, se realizaron en los años noventa.

El otro modo en que la difícil situación de los noventa impactó en la dimensión subjetiva fue el propiamente individual. El psicólogo cubano no era solo un profesional estudiando qué pasaba con los cubanos y cubanas; era un cubano/a más que convivía con todas las situaciones tremendamente complejas que atravesaban al país. Entonces, y aunque parezca contradictorio con lo dicho sobre el sentido de ayuda, la actividad profesional se resintió por las dificultades de la propia vida cotidiana. Si antes la vida cotidiana entraba en la psicología solamente para favorecer su desarrollo, ahora ocasionaba también serias dificultades. Frases como “cada cual se ocupa de lo suyo”, o “todo el mundo quiere buscarse el viaje” (o lo que es lo mismo: los psicólogos de ahora solo quieren buscar becas y contratos en el exterior para obtener ingresos que les resuelvan sus problemas económicos) eran frecuentemente escuchadas.

Pasemos ahora a analizar el impacto institucional. Es importante subrayar, por lo que conocemos que sucede en otros países del continente, que a pesar de que muchas de las dificultades de este período son probablemente para otros las dificultades de siempre, el significado de las mismas, desde el punto de vista global e histórico, es totalmente particular para Cuba. El primer problema era naturalmente el de los pocos recursos y presupuesto. Como era de suponer, toda la actividad de subvención y financiamiento por parte del Estado a las instituciones donde trabajaban más de 2000 psicólogos y psicólogas del país se redujo considerablemente. A pesar de que el gobierno mantuvo en el primer nivel de prioridad a la salud y a la educación, ámbitos donde precisamente trabajaba la mayoría de los profesionales de esta disciplina, los recursos de las instituciones fueron muy escasos. Efectos inmediatos de esto se observaron en los problemas tecnológicos que dificultaron el trabajo de laboratorio (e.j. computadoras, impresoras, fotocopiadoras y otros equipos, iluminación), en la ausencia de materiales básicos (e.j. papel, artículos de oficina, pruebas psicológicas, medios de comunicación, locales de trabajo, medios de transporte, recursos para reunir y alojar personas de otras provincias) y en los graves problemas bibliográficos incluyendo la disminución o desaparición casi total de publicaciones periódicas nacionales y de bibliografía proveniente del exterior. Todo esto fue más difícil para las regiones distantes de la capital que no contaban con el movimiento de entrada y salida de profesionales extranjeros que suplían en muchas oportunidades estas carencias. Unido a todo esto, existía una reducción profunda de fondos disponibles para adiestramiento en el exterior, participación en eventos internacionales e invitación de especialistas foráneos. Al mismo tiempo las instituciones dieron prioridad a las líneas de investigación especialmente vinculadas a los intereses estatales, lo que exigía modificar líneas de trabajo.

Con algunas excepciones –como las experiencias de las filiales de Santiago de Cuba y Cienfuegos- se produjo una reducción en la regularidad y calidad de las actividades de la Sociedad de Psicólogos y de sus filiales y secciones. Los eventos regulares, incluyendo, por ejemplo, los Congresos de la Sociedad de Psicólogos de Cuba y los amplios y exitosos encuentros entre psicólogos cubanos y psicoanalistas de América Latina y algunos otras partes del mundo, languidecieron hasta el punto de que al final de los noventa la Sociedad de Psicólogos de Cuba estaba al borde de su desaparición. Otros grupos como la Sociedad de Psicólogos de la Salud fueron capaces de organizar algunos eventos, pero casi todos los grupos (sociedades, secciones, filiales y equipos de trabajo) perdieron dinamismo y entusiasmo. Al mismo tiempo, otros eventos, enfocados en asuntos más específicos, emergieron (sexualidad, género, familia, discapacidad, identidad, etc.); y simultáneamente, nuevas iniciativas –como la Convención Internacional de Psicología y Ciencias Humanas (Hominis)- florecieron debido más al esfuerzo, entusiasmo y capacidad de recuperación de sus organizadores o promotores que a la propia fuerza de las instituciones que formalmente los respaldaban.

Esto estuvo matizado por los conflictos que nosotros teníamos como profesionales y como protagonistas. Nuestro compromiso con los grandes objetivos e ideales del proyecto revolucionario y, a la vez, nuestras contradicciones con decisiones y políticas concretas, con la manera en que muchos de esos ideales eran “resueltos” en la práctica. Teníamos el deseo de contribuir al estudio y solución de diversos males sociales, pero no siempre nuestras voces eran escuchadas o nuestros criterios tomados en cuenta, lo que representaba uno de los mayores retos para la profesión.

A mediados de los noventa, después de semejante caída en la economía y en otros aspectos sociales, Cuba debía hacer serios cambios para recuperar su economía, para promover las inversiones extranjeras y para rediseñar el intercambio comercial con el mundo. Para lograr esto se introdujeron nuevas leyes como la expansión del trabajo por cuenta propia, la autorización para que dentro del país circulara el dólar norteamericano, la autorización de ciertos negocios familiares y del mercado campesino y muchas otras más.
Hubo psicólogos que se hicieron artesanos o que simultanearon sus tareas profesionales con otras impensables para todos anteriormente; cuidado de niños, renta de habitaciones, utilización de sus autos como taxis, venta de plantas ornamentales, etc. No dejó de haber escepticismo en algunas personas, no faltó el sentimiento de impotencia, no faltaron los que creían que no había nada que hacer o el abandono de la profesión y del propio país mediante la emigración (solución que tomaron incluso algunas personas con altos cargos en las facultades de Psicología y en la Sociedad de Psicólogos, afectando la continuidad del trabajo previo). Pero también, como sucede con toda crisis, aparecieron nuevos caminos y se buscaron soluciones tanto en la vida privada como en lo institucional.

En 1994 la economía cubana comenzó a mostrar los primeros signos de recuperación con el incremento del PIB. En 1996 este progreso macroeconómico comenzó a sentirse en la vida cotidiana de todos. Los nuevos tiempos y los nuevos problemas no solo tuvieron una implicación negativa o traumática; también estimularon la creatividad y la capacidad de establecer y desarrollar nuevos campos de trabajo e investigación.
Aunque no se puede resumir una situación tan compleja de manera esquemática o simple, se pudiera decir que la crisis de los noventa se expresó de tres maneras principales:
• Algunos continuaron realizando sus labores y fueron capaces incluso de hacer progresos profesionales; de escribir, estudiar y publicar a pesar de las carencias y dificultades. Instituciones más fuertes como las que se ubican dentro del sistema de salud respaldaron algunas actividades y mantuvieron otras; por otro lado el prestigio y el reconocimiento de algunos profesionales les permitió encontrar fuentes de ingreso y desarrollo (mediante organización de eventos, desarrollo de proyectos, ofrecimiento de nuevos servicios, promoción de cursos internacionales, etc.).
• Otros profesionales o grupos que no tenían estos apoyos encontraron en la crisis el estímulo para buscar nuevas alternativas, nuevos campos de trabajo con posibilidades de desarrollo.
• La mayoría de los profesionales, y la profesión, como un todo, tuvo un decaimiento en la calidad de los intereses colectivos y se dieron prioridad a muchas soluciones individuales (contratos de trabajo en el exterior, cambio de puesto de trabajo, abandono del trabajo profesional para dedicarse a trabajos mejor retribuidos como por ejemplo los del turismo, y, por último, pérdida de eficiencia o de calidad). Era casi imposible evitar estas pérdidas en un contexto en que era difícil hasta el simple traslado al lugar de trabajo cada mañana debido al deterioro del sistema de transporte público.

Pero estas consecuencias aparecieron en combinación. Mientras en algunos lugares se observaba deterioro y ausencia de alternativas, en otros, se advertían signos de continuidad y de creación. Era y sigue siendo una situación extraordinariamente compleja. A pesar de problemas particulares, hubo una relativa continuidad en la psicología de la salud, del deporte, la educación, la orientación y la terapia sexual, la familia, la mujer, la publicidad y el trabajo con personas discapacitadas, así como aportes en la investigación de problemas sociales. Algunos libros como “Mi familia es así” de Patricia Arés (1990) y “Motivación Moral en adolescentes y jóvenes” de Fernando González (1990, 1994) se comenzaron a distribuir en tiradas más amplias y a leer por sectores diversos de la población (aunque esto se vio limitado por los recursos). En los servicios de salud se realizó un tremendo esfuerzo para mantener ciertos logros en la atención primaria (Morales 1996, Infante, 2004, Louro, 2004, Molina 2004, Sarduy y Alfonso 2004) y, al mismo tiempo, se mantuvo el interés por el mejoramiento del nivel profesional de la psicología, a través de grados científicos y otros tipos de educación postgraduada. Por ejemplo en la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, la mas importante del país incremento significativamente el número de profesores con grado científico obtenidos en Cuba y en el exterior: también se abrió una nueva facultad en Santiago de Cuba.

El número de Profesionales trabajando en áreas como entrenamiento y selección de profesionales para empresas, el marketing y las relaciones públicas así como la gerencia, creció sustancialmente. Esas posibilidades aparecieron asociadas a la política del país para estimular la inversión extranjera, así como por el impresionante desarrollo que el turismo iba adquiriendo en ese decenio. Esto significa que a la misma vez que cuantitativa y cualitativamente decayó el trabajo de los psicólogos, se diversificó. Pero esta diversificación no tuvo lugar sin obstáculos, especialmente en las dos esferas más exitosas para la revolución cubana: el sistema social y la educación.

La Psicología de la Salud, que ya tenía un nivel de reconocimiento nacional e internacional elevado, se vio amenazado por éxodo de profesionales hacía esferas económicamente más atractivas, y hacia el exterior. Este problema no afectó el progreso previamente desmostado en la calificación de los profesionales y en el prestigio social de la profesión, pero sí afectó la cobertura y la continuidad de este trabajo que debe ser creativo preventivo y de alta calidad. Este éxodo fue mayor en las zonas turísticas donde los profesionales (principalmente los más jóvenes) buscaban maneras de incrementar sus ingresos y acceder a mejores condiciones laborales. (Referencias personales de Jorge Grau).

Algo similar sucedió en la Educación: justo después de haberse establecido el espacio (aprobado la plaza) de trabajo del psicólogo en la escuela esto se vio afectado por las mismas condiciones anteriores.
Por otro lado, era necesario encontrar nuevas soluciones para estimular el trabajo a nivel comunitario, lo mismo en salud que en educación y otras esferas. Para entender esto basta pensar que la posibilidad de participar en eventos, intercambios con el exterior etc., parecía mayor en centros docentes y de investigación así como en institutos especializados. El psicólogo sentía que los consultorios, las aulas y los espacios comunitarios no les ofrecían las mismas posibilidades. El abandono de ciertos puestos de trabajo tradicionales, no fue un problema exclusivo de la psicología, sino uno de los más serios problemas que nuestra sociedad ha enfrentado y aun enfrenta hoy. La dificultad para que las personas satisfagan sus necesidades a partir de la remuneración salarial sin tener que acudir a diversas formas de “resolver” sus necesidades.
Para poner un ejemplo: una psicóloga que ha estado trabajando en un hospital de maternidad por más de treinta años, me relató que su labor como psicóloga del hospital abarcaba la asistencia, la orientación, la psicoterapia, la investigación y la enseñanza. Limitándolo solo a la categoría de asistencia se pueden mencionar las siguientes tareas:
• Orientación a la mujer embarazada para garantizar un embarazo saludable.
• Orientación y terapia a mujeres embarazadas en condiciones de riesgo o con enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión.
• Tratamiento psicológico y acompañamiento durante el parto
• Evaluación de la calidad de los servicios y de la satisfacción con la atención prenatal y de mujeres con cesárea.
• Apoyo y estimulación de la lactancia materna, para lograr la condición de “Hospital amigo de la mujer y el niño”.
• Atención psicológica a las familias de las embarazadas con enfermedades crónicas.
• Terapia a las mujeres que han sufrido mortalidad prenatal o neo natal.
• Orientación a las mujeres y parejas en los servicio de infertilidad
• Orientación a adolescentes parejas y familiares de los servicios ginecológicos infantiles y juveniles.
• Orientación y Terapia a mujeres de los servicios de climaterio y menopausia
• Seguimiento a los recién nacidos con problemas de desarrollo.

Además de esto, como casi todos los psicólogos del sistema nacional de salud, la psicóloga mencionada imparte docencia tanto en su centro de trabajo -que es un hospital docente- como en la Facultad de psicología. En el hospital enseña psicología a médicos, estudiantes de diferentes carreras de salud pública y a enfermeras, también dirige investigaciones relacionadas con todas estas actividades.

Suponiendo que esta profesional dejara su trabajo para hacerse cargo de las relaciones públicas de un hotel, una gran experiencia se perdería, afectando a los pacientes y al hospital. Se requiere un esfuerzo colectivo y una organización especial para enfrentar este reto.

Durante los noventa el país pudo conservar algunos de sus logros sociales básicos y establecer un lento pero serio patrón de recuperación con el desarrollo de nuevas alternativas en turismo, biotecnología y tecnología de la información y en otras áreas. (Martínez Puentes 2004; Sansó-Soberats 2003).

Este proceso ha tenido su impacto en la Psicología, por un lado la necesidad que manifestábamos en los 90 -con relación a ganar más participación en distintas esferas de la vida social y cultural del país de alguna manera se cumplimentó y tuvo una apertura bastante considerable en el nuevo siglo. No solo como una meta que tenía que ser alcanzada, sino como una respuesta inevitable a las situaciones que habíamos enfrentado. Los problemas que se originaron durante los noventa generaron nuevos tópicos de trabajo de investigación y trabajo, y los psicólogos fueron demandados por instituciones culturales, institutos de investigación, y algunas nuevas organizaciones. En mi propio caso, después de 35 años de trabajo exclusivo dentro de la Universidad de La Habana, me trasladé a una institución perteneciente al Ministerio de Cultura, donde me hice cargo de un proyecto de investigación en identidad nacional.

La Psicología como profesión atraviesa la crisis con todas las contradicciones descritas, pero más prestigiosa, aceptada y consultada. Incluso en debates que han trascendido el estrecho margen de nuestra profesión, como fue el debate televisivo del caso de Elián González, tuvo un fuerte impacto acompañado de un rol muy protagónico de los psicólogos en los medios de comunicación. Profesores como Patricia Arés, Aurora García y otros, se hicieron nacionalmente famosos debido a sus participaciones en estos debates. También durante los 90 “vale la Pena” el programa de TV conducido por el Profesor Manuel Calviño, ha sido un programa de los más populares y aceptados de la TV nacional. Claro que no ha sido el único programas de TV conducido por psicólogos: otros programas previos como Nuestros Hijos conducido en diferentes momentos por Pedro Luis Castro, Silvia Castillo y otros psicólogos educacionales y clínicos, fueron también muy aceptados durante los 70s y 80s. A pesar de esto, algunos de nosotros creemos que todavía estamos poco solicitados para algunos casos de desastres naturales y otros asuntos sociales en los cuales podríamos tomar parte.

Las dificultades de los adultos mayores, los problemas de género, los problemas sociales, el desempleo, nuevos asuntos relacionados con el consumo de drogas, la violencia, y algunos males sociales como la corrupción, la prostitución, la pobreza, el SIDA y las crisis de valores son algunos de los temas que actualmente acaparan la atención de los psicólogos. Hay grupos que estudian asuntos de la tercera edad, hay nuevas escuelas para trabajadores sociales, centros para atender y prevenir la dependencia a las drogas, líneas de ayuda psicológica para diversos problemas, nuevos temas de investigación, instituciones y programas de ayuda a la mujer, centros para el estudio de los problemas migratorios, los problemas ambientales, identidad y diversidad y muchos centros comunitarios y culturales, entre otros. Todo esto indica el aumento en el impacto de la psicología.

Así, por ejemplo, durante la Feria Internacional del Libro de La Habana, en 2004, se presentaron una docena de libros, sobre historia de la psicología (Valera, 2003), discapacidades físicas (Colli 2003, asuntos de personalidad adolescencia y educación (Baxter 2003, Castro, 2003, Fernández 2003, Castro, 2003, Rico, 2003); estudios de familia Torres 2003 y otros.

Por otro lado la enseñanza universitaria se ha diversificado y ampliado con la apertura de nuevas centros municipales de educación superior, adjuntos a las universidades cubanas, con el objetivo de facilitar las posibilidades universitarias de personas jóvenes y prevenir la marginación. Enseñar o impartir docencia en las nuevas ramas de la Educación Superior dónde la psicología es una de las opciones más demandadas es una de las opciones laborales para los graduados universitarios. Esta opción les facilita un ingreso complementario, y un espacio parta estudiar discutir y ponerse al día (Roberto Corral, comunicación personal).

Al mismo tiempo que se diversificaban los espacios laborales, no sólo se introducían nuevas temáticas y problemas de investigación que se reflejaban en un aumento notable de las publicaciones, sino además, se enriquecía la Psicología con nuevos enfoques y se observaba una tolerancia mayor hacía lo nuevo. Estos cambios exigieron de un esfuerzo colectivo y de una respuesta organizacional, que dieron lugar a una nueva reactivación de la Sociedad de psicólogos de Cuba en 2002. La dirección de la Sociedad de psicólogos de Cuba, elegido en junio del 2002, comenzó inmediatamente a trabajar en los estatutos de la sociedad, al mismo tiempo que se creaban los comités provinciales y las más de 15 secciones de trabajo; entre ellas por sólo citar algunos ejemplos se crearon o reactivaron secciones de terapia de grupo y psicodrama, psicoanálisis, psicología y sociedad, psicología especial etc.). Todo lo anterior demuestra como los psicólogos cubanos se fueron organizando frente a los problemas referidos anteriormente. Actualmente, la Sociedad de Psicólogos de Cuba, que recientemente ha cambiado su nombre por Sociedad Cubana de psicología, tiene filiales en todas la 14 provincias de la Cuba, una membresía de más de 1000, y ha instituido y celebrado desde el 2004 el día nacional de la psicología, además de que sigue auspiciando congresos internacionales, principalmente La Convención Internacional de Psicología y Ciencia Humanas (Hominis) que se celebra en Cuba cada dos años y al asisten prestigiosos psicólogos de todos el mundo principalmente de América Latina y el Caribe.

Hablar de una relativa recuperación de la Psicología que se producido desde finales del siglo XX y los albores del siglo XXI pudiera parecer exagerado, si se toman en cuenta los graves problemas por los que transita hoy la sociedad cubana y el mundo en general. Pero debe comprenderse que los problemas que los psicólogos cubanos enfrentamos hoy, son solo algunos de los que otros colegas de América Latina han enfrentado por un largo tiempo. Hay pobreza en Cuba, pero no pobreza extrema (Naciones Unidas, 200, p.151) – nadie es abandonado; hay SIDA, pero el índice es bastante bajo con respecto al resto al resto de la región, y las personas infectadasn son tratadas y cuidadas. A pesar de dificultades en la educación, no hay analfabetismo y es obliga6torio el estudio hasta el noveno grado.

El mundo actual es tan injusto y complejo que no parecen existir otras opciones que no sean el orden neoliberal, que empobrece al Tercer Mundo y el socialismo, que aspira a la justicia social, pero con escasez, burocracia y dificultades en el orden de algunas libertades personales. No es fácil ser cubano. Algunos esperan de nosotros la descripción fundamentada de un infierno que Cuba no es; y otros pretenden escuchar relatos de un paraíso que Cuba, como dijera Galeano, tampoco ha logrado crear. Cuba enfrenta problemas económicos muy serios, algunos impuestos por las políticas de las administraciones de los Estados Unidos, pero también por las propias insuficiencias y errores de adentro (Tablada, 2001).

Cuba se encuentra hoy en una coyuntura muy compleja y dramática; hay problemas sociales, pobreza, y muchas políticas deben ser cambiadas. Por esto motivo suelen postergarse muchos debates necesarios para impedir que se debilite la unidad del pueblo, frente a un enemigo cercano y poderoso. Soy de las que creen que esto es solo una ilusión. No importa la dimensión real de las amenazas externas e internas, siempre deben construirse espacios de debate y reflexión. La mayoría de los cubanos quiere cambiar y mejorar la Cuba socialista, pero de una manera muy diferente a como lo ven algunas tendencias de ultraderecha. Las alternativas solo las encontraremos a partir de las experiencias NUESTRAS, de nuestros logros y fallos, pero nunca en las prescripciones que se dan al Tercer Mundo en un contexto globalizado que nos entretiene con aliens, mala ficción y monstruos, para que no prestemos atención a los verdaderos aliens que destruyen el ya polucionado mundo actual, o a las realidades que hacen que la ficción parezca un chiste (11 de septiembre 1973, 2001), o a la verdadera mostruosidad de los niños que en América Latina huelen pegamento de desayuno, meriendan sobras y regresan cada noche a sus casas (si las tienen) para comer lo que pudiera ser su última cena, porque es un verdadero milagro que al otro día puedan volver a cenar. Ninguno de esos niños es cubano.

El compromiso con el mejoramiento de la calidad de vida de todos los cubanos y con el desarrollo del país, junto a la orientación histórico y cultural de la psicología – inspirada en la tradición del pensamiento de Vigotsky y de otras escuelas asociadas al mismo origen- son dos de las características principales que distinguen a la psicología cubana. Nuestra aspiración es que las mismas puedan preservarse a pesar de los problemas. A la misma vez, estas características pueden constituir nuestras principales amenazas. El compromiso debe ser crítico y a la vez estar apoyado en un mayor trabajo colectivo y teórico. Enfrentamos el reto de superar la falta de atención a los proyectos colectivos, provocada entre otras cosas por los problemas que hemos tratado de reflejar. También necesitamos profundizar en la investigación y elaboración teóricas (ver Cairo, 2000; Calviño, 2004, 2008) ya que – debido a cierto acomodamiento o falta de tiempo- no siempre está a la altura de los debates actuales en el mundo de la disciplina ni de los asuntos que demandan nuestra atención y enfrentamiento. Por último debemos trabajar por hacer una psicología menos “habanera” que movilice en torno a los debates que buscamos a todos los profesionales que durante casi medio siglo se vienen formando en el país.

En el espíritu de estos compromisos y aspiraciones, y con el interés de ampliar nuestros vínculos con la psicología británica, así como con la gratitud por la solidaridad mostrada con nuestra Sociedad de Psicólogos de Cuba, he realizado mi mayor esfuerzo por expresar con sinceridad mis observaciones y apreciaciones sobre la psicología en mi país. Espero, como muchos de mis colegas, que estos esfuerzos y reflexiones puedan contribuir, aunque sea un poco, al avance de las ciencias sociales hacia metas cada vez más humanistas que contribuyan a sostener la utopía de que un mundo mejor es posible – posible para todos.

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